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miércoles, 2 de junio de 2010

Mi isla...


Me he comprado una isla. Salen más baratas que los pisos y ésta venía con cabañita y todo.

Siempre he querido vivir en un lugar donde los días fuesen naranjas y su olor a especias, mar y tierra.. Ahora puedo decir que lo he encontrado.

El vendedor era un marinero okupa que pasó por allí un buen día, y se la quedó. Womainee, que así se llama (no se si es nombre o apodo) vivió en su islita durante un tiempo, el que le llevó reponerse de su amor perdido.. Me comentó (mientras me firmaba en una servilleta de papel que me cedía la isla) que ese lugar tenía propiedades terapéuticas: "te cura todo", me decía.

Así que le dí los 3 canguros australianos que me pedía por ella (no me preguntéis de donde los saqué, es mejor que no sepais nada) y se marchó.

Así que ahora estoy en mi islita, con Sam (un hipopótamo la mar de gracioso pero q no se limpia los pies en el felpudo antes de entrar en casa) y Loui, un pelícano adicto al crack (a ver si las propiedades de la isla lo curan, porque cuando le entra el mono es un poco insoportable).

Venid cuando querais. Esteis en el lugar que esteis, debéis virar a estribor, todo a estribor y mantener el rumbo durante 10 horas y cuando veais una aureola naranja rodeando una isla, hacedme una perdida que salgo a buscaros.


Tengo la ventana de mi habitación abierta y veo y escucho el mar. Huelo la tierra húmeda y las especias. Es un lugar genial.

La Señora Bull



Hace días que se ha mudado al edificio un matrimonio al 4ºD, los señores BULL. Ella me miraba desde la ventana de la cocina altiva y prepotente, con esos ojos hundidos y ese gesto tan serio en su cara.

Los primeros días lo aguanté bien. LLevé bastante bien sus miraditas, sus desplantes cuando la saludaba (con lo que me cuesta dar los buenos días...) ella simplemente me miraba desde su 4º piso como diciendo: "solo alcanzas a vivir en un tercero???", pero nunca me decía nada.


Y así fue como empecé a odiarla. Un día de estos que se te hinchan las pelotas (como hoy, que las tengo a tope, pero con esto llenaré 4 actualizaciones..) el calentón se apoderó de mí y le grité:

-buenos días señora BUll!!!!!.

A lo que me contestó muy sonriente:

- Buenos días, vecina.

Al día siguiente me bajó una tarta de manzana. Estaba deliciosa. Hablando de nuestras cosas me comentó que estaba sorda como una tapia, que por eso se habían mudado a gijón, ya que se habían enterado de que había un especialista buenísimo que seguro que la curaba (por eso no me escuchaba cuando le daba los buenos días)...


Es una mujer muy simpática, dice que es sorda porque se lo propuso y lo consiguió. Porque no quería seguir aguantando a su marido y las gilipolleces que decía... (eso a veces nos pasa a todas).


Nos hemos hecho tan amigas que hacemos sesiones de peluquería. Le he regalado un njuego de rulos, creo que le ha encantado porque no los apea (los lleva hasta para comprar el pan porque dice que una vez se los vió a Jeniffer Lopez en un videoclip y que esttaba muy mona). Es una señora muy original.



Las apariencias engañan chic@s y no siempre para mal...

La despedida




Segundos antes de besarse se miraron a los ojos. Ella trato de buscar un ápice de arrepentimiento, algún gesto por parte de él que le permitiese rogarle que no se separara de ella nunca jamás.

Su historia de amor había sido un tanto complicada y sabían que no debían verse más.

Él la beso como nunca nadie lo había hecho hasta el momento y mientras la abrazaba sabía que esa sería la última vez que la tendría en sus brazos.


Ella dió un paso atrás. La distancia se hizo tan incómoda que se etxó a llorar.. En un intento de volver a revivir el pasado, él buscó su mirada pero ella solo podía mirar a sus pies y dejar caer lágrimas tristes sobre la arena de aquella recóndita playa.

Y tú, ¿qué quieres ser de mayor?


El vuelo de una mariquita le sorprendió mirando al cielo con semblante serio.

Cuando su madre lo parió, salió con una bolita roja en la nariz y los pulgares levantados, como diciendo: "TACHÁÁÁÁÁN!! Todo está bien, sonreid!"

Se sentía payaso desde que nació y sólo quería hacer feliz a las personas que tenía alrededor. Él pensaba que las penas, con sonrisas y carcajadas se quitaban o ni siquiera llegaban a asomarse a tu vida. Y era verdad porque ya estaba cerca de la treintena y nunca había dejado de sonreir.

En realidad tenía una táctica. Cuando tenía un problema o un dolor grande (como no se podía permitir estar triste), lo escondía tan dentro de sí mismo que lo perdía y se le olvidaba y, el dolor, harto de no poder hacerle daño se esfumaba y no volvía aparecer.


Desde pequeñito se había dedicado a hacer feliz a los demás: a sus compañeros de colegio, a sus amigos, a los padres de sus amigos, a sus profesores (a éstos últimos, en un principio, no les hacía mucha gracia su indumentaria de payaso, aunque hicieron la vista gorda porque comprendieron que era necesaria e indispensable para llevar a cabo su labor social).


Cazó aquella mariquita y le preguntó:

-¿no estás cansanda de ser mariquita?
- Nací mariquita y moriré mariquita- le contestó muy orgullosa y malhumorada mientras se arreglaba el pañuelo que llevaba al cuello (ya se sabe como son las mariquitas de maltomadas, hay que saber llevarlas...).



Una sonrisa sorprendió a su rostro y una carcajada le sobrevino. Él era payaso de alma y de corazón y siempre lo sería.

Te doy mi corazón


La historia de Lissy es tremendamente cruel.

Era una chica espectacular. Además de bellísima, fue la primera de su promoción cuando estudiaba enfermería. Se enamoró de un chico con el que, al poco tiempo, formó una de las más exitosas parejas de la ciudad.

Lissy bebía los vientos por él hasta que, un día al volver a casa, se encontró a John con un par de gemelas filipinas en la cama.

En cuestión de segundos (mientras se agarraba al marco de la puerta para intentar no caerse al suelo debido al impactante momento) su corazón se partió, su pelo envejeció y sus ojos tornaron amarillo (el color del olvido).

La masacre que luego sucedió (no la voy a contar para evitar detalles escabrosos que pueden herir la sensibilidad de algun@) acabó con la vida de John y las dos jóvenes.

Desde aquel fatídico día Lissy, no ha podido superar, aún habiéndose vengado, la traición de su marido. He oído que ultimamente se "encarga", por un módico precio, de los hombres que han sido infieles a sus parejas. Les pone una inyección para que no se puedan mover y les arranca el corazón. COmo prueba de que ha concluído la misión se encarga personalmente de hacer llegar a las clientas dicho órgano, envuelto en un paquete de regalo con una nota que dice: AHORA SÍ TE ENTREGO MI CORAZÓN. Es un poco fuerte, pero en el fondo tiene gracia.


Tengo su teléfono, ¿¿alguien lo quiere??.

Mi agujero


Tengo un escondite.

A veces, cuando quiero hablar con alguien y nadie puede quedar, voy allí porque sé que siempre va a haber alguien que me escuche.

Para ser un agujero es bastante cómodo. Los personajes que lo han ido encontrando por casualidad, como yo, han ido llevando cosas (sofás, tele, bebida, una mesa...) y ahora se ha convertido en un lugar de reunión para gente que solemos perdernos y caer en este tipo de lugares...


Está en la plaza del pueblo, al lado de la iglesia. Da un poco de miedo por las noches, sobre todo los domingos, que es cuando la soñara Swat (una ardilla que se cree que es un koala, a la que nadie se atreve a decirle lo que es en realidad porque la tía en cuestión es un poco maltomada..) se reune con sus amigos los pájaros carpinteros para resolver los típicos problemas de la comunidad de vecinos. Imaginaros el jaleo...


Yo ya he insinuado que no se debería traer a gente de fuera porque tampoco es que sea un espacio muy grande...


Algún día, si os portais bien, os llevo. Seguro que os gusta mirar la estrella tumbados en la camilla del doctor Figuerowsky (algún día os contaré cosas de él).

Noche de Tango


Caminaba temerosa por la calle. No dejaba de escuchar extraños ruidos y veía sombras pintorescas que la asustaban.

De prontó una melodía comenzó a rondar su cabeza. Poco a poco la iba cautivando, a la vez que una nube de sensualidad recorría todo su cuerpo. El calor de aquellas notas la llevó a un oscuro lugar en el preciso momento en el que Diego salía por la puerta del local.

Se miraron paralizados. El calor ahora era más intenso. La música se escuchaba tan fuerte que sus corazones latían al compás.

Él la agarró con firmeza. Ella no podía hacer nada más que aferrarse a él. Aquella melodía cantada por una desgarrada voz, hacía que se moviese a ritmo de movimientos sensuales, intensos... mientras sentía una enorme atracción por ese hombre que tocaba por primera vez.


Bajo la influencia del tango, dos desconocidos bailaron en la calle aquella noche.